Respeto en el trabajo

¿Quién no tiene anécdotas de alguna entrevista de trabajo? Preguntas desconcertantes, inoportunas o impertinentes. Juegos psicológicos para poner en evidencia al entrevistado. Situaciones límite y desagradables, para comprobar su valía. Tensión gratuita para ver cómo se comporta el candidato ante un psicópata juguetón…

Una vez más me ofusco, me da el punto y tengo que daros mi opinión (como siempre, diferente del mundo) sobre la tolerancia al sufrimiento en el trabajo.

Me sorprende lo que la gente es capaz de tolerar por tener (o conseguir, o mantener) un puesto de trabajo. Creo que tenemos un problema cultural y es que no sabemos modular el tono en el que reclamamos nuestra libertad.

Me da la sensación de que la gente solo sabe ser “dócil y sumiso” o todo lo contrario: “violento y rebelde”.

La gente asume con facilidad (tal vez con gratitud) el rol de enemigo-del-jefe. No le importa relacionarse 8 horas al dia con una persona que le trata con indiferencia o soportar injusticias, siempre y cuando pueda luego, claro, despotricar a sus espaldas, despacharse a gusto en hombros de terceros, tomar el papel de víctima y lamentarse.
No me entra en la cabeza. No concivo que un jefe no pueda llegar a ser mi amigo. Me desconciertan las personas que expresan sin pudor que “tienen que poner una distancia con sus empleados”. Como si hacerse respetar no tuviese nada que ver con el prestigio o el cariño y sí con el miedo y la mano-dura.

Este tipo de relaciones laborales queman. Nadie las querría pero casi todos las aceptan. Suelen terminar en rupturas violentas. Todo suele acabar en palabras desagradables, pérdidas de nervios o, simplemente, en traiciones silenciosas.

En este sentido, la gente solo sabe reclamar su libertad a gritos, de forma violenta: Mal.

Un candidato a un puesto debe tener claro que debe empezar a reclamar su libertad desde la mismísima entrevista. Lo debe hacer en tono moderado, claro. Debe saber decir “no” con serenidad y denunciar con tranquilidad cualquier trato abusivo.

Un empleado no debe nunca (jamás) permitir que le falten el respeto. Es su responsabilidad. No sirve tolerar y despotricar luego: No.

Una posición de “mayor responsabilidad” dentro de una organización, solo da derecho a eso: a “asumir mayor responsabilidad”, a “tener la última palabra” en la toma de decisiones.

Liderar un grupo de personas o coordinar o supervisar el trabajo de un empleado no te exime de observar los cánones y normas de educación básicas. Las cosas se piden por favor y se dan las gracias.

A pesar de que el artículo me ha quedado un poco sindicalista, lo que pretendía es tirar de las orejas a todos los “hombres masa” que se dejan llevar por la corriente, se “tragan todo” y se limitan a transmitir la presión de arriba hacia abajo.

Procura hacer la vida de tus compañeros más facil. Solamente eso te permitirá ser feliz.

3 Responses to “Respeto en el trabajo”

  1. Arkaitz says:

    Nunca, nunca permitir tratos inhumanos en el curro, uno no va a trabajar a que le griten, va a trabajar, si lo hace mal lo ha hecho mal, no le da derecho a nadie a gritar o minusvalorar a nadie. No se debe soportar jamas.

  2. MaY says:

    He tenido la desgracia de padecer un jefe incapaz, cretino y creído. Y he tenido la suerte de tener un jefe capaz, competente y humilde. El primero no valoraba ni las capacidades ni las opiniones de sus empleados.

    Cuando alguien decía “No soy capaz de hacer lo que me pides dentro de un periodo de tiempo razonable” el primero exigía el cumplimiento de la tarea a cualquier precio. El segundo cambiaba los requisitos para encontrar algo bastante más asequible. El primero conseguía programadores frustrados. El segundo conseguía gente que se siente realizada en su trabajo.

    Es por eso que del primero ni sé nada, ni quiero saberlo. No le considero mi amigo. Con mis amigos mantengo el contacto. Y con mi segundo jefe, a pesar de cómo acabó el proyecto, le considero una amistad más.

  3. Es interesante lo que dices May.
    Un empleado nunca debe aceptar un puesto en el que se le niega la comprensión y la gratitud. Sencillamente, debe valorar esta recompensa tanto o más que el propio salario.
    Por otro lado, los buenos líderes saben que para sacar el máximo rendimiento a un equipo (sobre todo en oficios creativos o de alta concentración) es necesario mantenerlo contento y motivado.

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